PUENTE DE SAN MIGUEL

El puente de San Miguel es uno de los escasos puentes medievales que se conservan en el Pirineo Aragonés y por su monumentalidad, ubicación estratégica y buen estado de conservación resulta ser una de las obras hidráulicas más significativas del Alto Aragón. A pesar de que se desconoce la fecha exacta de su construcción, suele aceptarse que, por su aspecto y estructura, el puente es de época bajo medieval (S. XV), aunque algunos autores proponen adelantar su cronología. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1943 y actualmente es Bien de Interés Cultural.

El puente de San Miguel se levantó en una época de libertad en cuanto a la construcción de puentes se refiere, ya que eran principalmente los burgos quienes decidían la necesidad de su construcción. Además, la introducción del arco apuntado aportó más posibilidades geométricas al constructor medieval frente a sus predecesores romanos. La flexibilidad geométrica de la forma ojival supone que las bóvedas pueden arrancar de la misma base de las pilastras, lo que aporta una mejora muy importante para su estabilidad.

El puente presenta un alzado asimétrico, pues apoya directamente sobre la orilla derecha, más alta y sólida, mientras en la izquierda, más baja, descansa directamente en la propia terraza fluvial. Muestra un perfil a doble vertiente, propio de los puentes medievales, y un arco central apuntado, con rosca de sillería, que salva el cauce principal. Otros dos arcos más pequeños funcionan como aliviaderos, en caso de avenidas. Su estructura se refuerza mediante dos tajamares situados entre los arcos.

El puente mide 96 metros de longitud y la flecha de su arco principal alcanza los 17 metros. La bóveda presenta rosca de sillería con dovelas limpiamente orientadas y se completa con dos arcos más pequeños y tajamares entre ellos. El conjunto se remata con un suave lomo de asno.

Los materiales utilizados son el sillar combinado con sillarejo unido por mortero de cal. El paso del tiempo y las numerosas crecidas del río hicieron necesario que se acometieran obras de restauración o reedificación en los años 1608 y 1816. En época reciente se ha restaurado en dos ocasiones, en la década de 1950 siendo consolidado por el arquitecto Miguel Fisac y la última, en el año 2002.

El puente debe su nombre a la desaparecida ermita de San Miguel, situada en el altozano que domina la orilla derecha del río Aragón, sobre la actual carretera. Este hecho fue muy común siglos atrás, dado el carácter mágico y sobrenatural que desprendía la construcción de estas obras hidráulicas, con el fin de otorgar protección al viandante.

Esta obra de ingeniería facilitó durante siglos la comunicación entre Jaca y los Valles Occidentales del Pirineo Aragonés. Por aquí pasaba el camino, que enseguida se bifurcaba, hacia los valles de Aísa, Hecho y Ansó. Asimismo, el desvío por Abay, bien conservado, conducía hacia Berdún y Navarra, a modo de camino jacobeo complementario al Camino de Santiago principal, que discurre por la orilla izquierda del valle. Hoy en día, representa tanto para peregrinos como visitantes una parada obligada antes de abandonar la ciudad.

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