La catedral, dedicada a
San
Pedro, es el resultado de todas las etapas constructivas que el
tiempo ha ido desgranando mientras dejaba nuevos espacios edificados o
nuevas aportaciones decorativas.

Es un amplio conjunto de templo y anexos en los que se han desarrollado
las actividades capitulares de los canónigos que -desde el
siglo
XI- han atendido el culto, han cuidado la vida espiritual de Jaca
y han estudiado la historia aragonesa con el apoyo del importante conjunto
documental que custodian en el
archivo y la biblioteca
catedralicias.
Al acercarnos al estudio de la catedral lo primero que llama nuestra atención
es la abundancia de teorías que intentan explicar cómo surgió
y cómo se consolidó en estos novecientos años de
existencia.
El
crucero se cubre con
bóveda
de medio cañón, en cuyo centro se levanta una cúpula
nervada de arcos cruzados apoyada en trompas cónicas.
Triple ábside escalonado en planta,
el central fue ampliado en el siglo XVIII, los laterales cubiertos con
bóvedas de horno.

Están decorados en el exterior con capiteles,
columnas, canecillos labrados y ventanales de arco de medio punto (derramados
en el interior). Estos grandes vanos se distribuyen alrededor de todo
el edificio. Otro motivo decorativo es el "ajedrezado" que al
nacer aquí se denomina "jaqués".
El atrio principal y occidental también con bóveda de cañón,
tiene seis grandes figuras de los apóstoles que antaño decoraban
el retablo mayor. La "Magna Porta" está orlada de arquivoltas
y un hermoso crismón. El acceso lateral o sur, es posterior, además
de su portada y los preciosos capiteles, conserva la "vara jaquesa".
La historia constructiva
(pinche sobre el plano para + info)
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Entre el año 1076 y el año 1082, en pleno reinado de
Sancho Ramírez, se comienza a construir
la catedral de Jaca por la cabecera y según una tipología
de planta catedralicia que ya está plenamente definida: una planta
rectangular, sin transepto saliente y tres ábsides alineados
con las tres naves, tipología de moda en torno al año
1080 y que también se utilizará en tierras castellanoleonesas
(Fromistá o Silos).
Desde 1075 se está levantando la catedral de Santiago
de Compostela y desde 1075 se trabaja, en tierras de Cantabria
en la colegiata de Santillana del Mar
que tiene analogías con Jaca.
Durante esta primera etapa constructiva
se levantan los muros y los ábsides en su mayor parte, lo que
supone la consolidación de su planta basilical aunque no pasó
de ello puesto que la obra se paralizó por cuestiones políticas.
Fue con la llegada al trono de Alfonso I "El
Batallador" cuando se retoma la construcción de la
catedral y abre la que será la segunda
etapa constructiva. La bula papal de Inocencio
III, Pie Postulatio, nos confirma que en abril de 1139 la catedral
de Jaca ya estaba terminada. Se ha concluido su fábrica, se ha
completado su decoración escultórica y se ha trazado el
recinto claustral al cual incluso se asoma la casa del propio obispo.
La obra está terminada y sólo faltan escasos detalles,
aunque nadie puede suponer que tardarán tantos años en
resolverse, puesto que los años que siguen son años de
penuria económica y de abandono de los obispos que viven definitivamente
en Huesca.
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La
tercera etapa constructiva de la catedral
de Jaca se abrirá hacia la segunda mitad del siglo XV, momento
en el que el patriciado urbano y algunos canónigos están
empeñados en adecentar un viejo edificio lleno de goteras y sin
ornato. Una tarea en la que se encontrarán con más facilidades
por los estragos causados por los sucesivos incendios que sufrió
la catedral entre 1395 y 1450. Como resultado de este mecenazgo se hacen
nuevas capillas, se hace la sillería coral, se arreglan tejados
y sobre todo se atiende a potenciar la devoción a santa Orosia...,
pero es necesario acometer una política de actuaciones que acaben
con el estado ruinoso que presenta el conjunto en la visita canónica
de 1499.
El esplendor renacentista
Después de toda esta conflictiva historia de
atenciones y desatenciones, la catedral de Jaca entró en el siglo
XVI suscitando el interés de una población enriquecida
con el comercio ultrapirenaico y cuya burguesía local tenía
como máxima aspiración ser enterrada en las estancias
catedralicias. Todo ello provocó la realización de un
conjunto de obras que, además de legar a la posteridad el prestigio
de sus mecenas, lograrían transformar la vieja catedral románica
en un magnífico espacio en el que acabaría triunfando
el ornato renacentista.
Lo primero que se acomete es la construcción de las bóvedas
de la catedral cuyas naves habían estado cubiertas con madera
hasta los incendios del siglo XV. Mientras tanto en el interior se van
abriendo las capillas laterales y en el exterior se levanta la sacristía
(1562), se hace la Lonja pequeña y la torre, e incluso el claustro
románico comienza a sufrir una completa reforma que perdurará
también durante todo el siglo XVII.
En 1064 se ha terminado el retablo mayor de estilo manierista, una imponente
mole de doce metros de altura realizada en piedra arenisca, algunas
de cuyas esculturas se conservan hoy en el atrio románico del
templo o en la iglesia de San Pedro de Siresa.
El punto final de estas obras se pondrá en el siglo XVIII, momento
en el que se procederá a desmontar el gran retablo de piedra.
En 1792 ya está realizada la ampliación que ocupa el espacio
del antiguo cementerio capitular y que ha sido planificada por el cartujo
fray Manuel Bayeu, pintor que también decora el prebisterio con
grandes frescos sobre la historia del apóstol Pedro.
Textos extraídos del libro "Jaca monumental" de Domingo J. Buesa.
Editorial Everest