 En
un primer momento podemos pensar que el prestigio de la ciudad de Jaca
se mide tanto por su importante legado histórico
como por la atención que le han dedicado nuestros escritores más
notables. En el siglo XIII el rey Alfonso X el
Sabio hablaba de la jacetana "Fiesta de la Victoria".
En pleno Renacimiento, el maestro Nebrija
explicaba en sus clases de Alcalá de Henares, los orígenes
legendarios de la ciudad, y en los albores del siglo XX el Nobel
Ramón y Cajal describía su vida en esta ciudad pirenaica.
Una secuencia excepcional en la cual hay que incluir
también a Miguel de Cervantes, que
se refiere a las montañas de Jaca en la historia de Don Quijote,
o a Miguel de Unamuno, que hace la alabanza
de la Peña Oroel.
Pero con todo lo importante que es esta presencia de
la ciudad en el mundo del pensamiento hay que valorar quizás lo
más notable de Jaca sea su condición de pionera
en muchos momentos de la historia española.
Iacca, habitada por el pueblo íbero de los iacetanos, fue la primera
fortaleza conquistada por los romanos en Hispania. Jaca fue la primera
capital del reino de Aragón, la primera ciudad que aclamó
rey a Ramiro II el Monje, la primera ciudad
que se sublevó en favor de la República en 1930, momento
en el que se hizo universalmente famosa esa Calle Mayor de Jaca que con
tanta pasión cantó Miguel Fleta
en clave de jota.
Jaca
es una población fundamental para entender Aragón y para
comprender la vocación europea de esta tierra, desde el momento
en el que Sancho Ramírez la fundó
a finales del siglo XI, la ennobleció con una excepcional catedral
románica y la dotó de un fuero de convivencia y libertades
que fue fundamental para lograr que el Camino de
Santiago se consolidara como la primera vía europea por
un camino arreglado por la monarquía aragonesa para convertirlo
en el eje de conexión económica
entre Oriente y Occidente.
Jaca es por todo ello una ciudad única, cantada
por propios y extraños, un mundo apasionante visitado por reyes
y peregrinos, un motor de progreso al que la monarquía española
acabó galardonando -en el siglo XVIII- con los títulos de
Muy Noble, Muy Leal y Muy Vencedora Ciudad de Jaca.
Domingo J. Buesa Conde
|